29 agosto 2014

Haciendo balance

Últimamente me ha dado por releer antiguos posts. Lo cierto es que cada vez que lo hago creo que voy a sentirme avergonzado, un cómo pude escribir esto, pero no es así en absoluto. 
Los post con extractos y reflexiones de películas me siguen gustando. Los de mis paranoias los sigo encontrando curiosos y leyendo con cariño. Sigo sintiéndome orgulloso de los post largos de investigación y opinión sobre algún tema. Los de instrospección y auto-análisis no son nada del otro mundo pero el esfuerzo de descubrir cosas sobre mi mismo y exponerlas de forma sincera ahí está. Los que repaso y comento mis lecturas me siguen pareciendo una idea cojonuda, perfectos para recomendar libros o para poner a parir los que me hayan decepcionado.

¿Y los posts de los viernes? Ya llevo un mes sin mandar ninguno. Sí, me descojono con los de cachondeo y los educativos están llenos de artículos interesantes (y veneno contra los putos políticos), pero lo cierto es que me estaban robando demasiado tiempo. Desde que empecé a subirlos los he ido refinando y añadiendo fuentes nuevas. Últimamente me llevaban fácilmente unas 20h a la semana entre seleccionar artículos e imágenes y preparar los posts, editar, corregir, reenviar por correo... Pero sobre todo se había convertido en una obligación, en rutina. Reconozco que muchas cosas las metía de relleno, porque tenía que meter algo (y contentar las exigencias de los putos fans de los gatos...), y no porque realmente me hubiera llamado la atención de forma poderosa. Suponían mucho curro a cambio de poca satisfacción personal y no me apetecía hacer el esfuerzo, creo que no merecía la pena.

¿Significa esto que ya no voy a mandar más? No lo creo... puede... según me dé. Sigo estando suscrito a chorrocientos feeds por RSS y seleccionando cada día lo que me mola, supongo que cuando tenga ganas y no me importe hacer el esfuerzo prepararé un par de posts. Pero de vez en cuando, tengo claro que se acabó el mandarlos por rutina.

Y como cada vez que se llega al fin de una etapa toca hacer balance de la situación. ¿Cuál es mi aquí y ahora?

- Desde que dejé judo (hace ya unos 5 años, madre de dios...) no hago nada de ejercicio. El atocinamiento es una realidad, aunque al menos se mantiene en niveles tolerables. Llegué a confeccionar una tabla para hacer en casa pero sigue en la lista de los debería...
- Hace mucho que no voy a hacer el indio tiro con arco. Falta de ganas (y pérdida de práctica).
- Desde que me di el hostión y me rompí la pierna no hago rutillas con la moto, reconozco que le he cogido algo de miedo. Y a parte la moto me ha dado algunos problemas mecánicos que hacen que no me inspire demasiada confianza.
- Hace mucho que no intento escribir un relato, aunque viendo que jamás los acabo no es que se haya perdido mucho.
- También hace mucho que no escribo un post comentando mis lecturas... porque no leo casi nada.
- Y mi proyecto filosófico, pese a haber empezado con tan buen pie, lleva un año abandonado.
- Además llevo un año sin que me apetezca afrontar el estres que me supone hacer una viaje vacacional.

Joder, la verdad es que suena deprimente...
La parte buena es que tampoco escribo mierdas autocompasivas. Ya no me machaco como antes. Por supuesto que me siguen dando bajones de vez en cuando, pero he conseguido aprender a no torturarme. O quizá sea cosa de la edad y todas mis emociones estén perdiendo intensidad poco a poco...

Mi enfoque actual cuando llega un momento bajo es entenderlo como algo ajeno a mi. Antes me preguntaba ¿por qué estoy así? y me ponía a  desenterrar mierdas buscar motivos en mi pasado y proyectar calamidades hacia el futuro. Ahora asumo que es algo que me pasa de tanto en cuando. A mi cerebro le ha entrado diarrea y se le ha escapado un chorro de hormonas del mal rollo. Intento no pensar en nada, no centrarme en ello y distraerme hasta que mi cuerpo las elimine y listo. Generalmente mi estado de ánimo es bastante decente. Reconforta pensar que por fin estoy aprendiendo a lidiar conmigo mismo.